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Abrigo negro de silueta escultórica y sombrero de ala ancha sobre fondo blanco y rojo

Madrid2023

Alba Atelier

una sola costura, décadas de uso

Alba AtelierMadrid, 2023

La prenda que se sostiene con una sola costura

En un segundo piso de Lavapiés, Alba Serrano corta patrones que parecen problemas de geometría y cose cada pieza cuando alguien la pide. Tres años después de abrir el taller, su marca demuestra que el minimalismo puede ser una decisión técnica y no una estética prestada.

Texto
Marina Cortés
Fecha
1 de agosto de 2026
Lectura
5 min de lectura
Manifiesto

Cortamosunasolavezycosemosunasolalínea.Trabajamosennegro,encrudo,engris,paraquelaformahablesinayuda.Noproducimosnadaquenadiehayapedido.Cadaprendasaledeltallerpensadaparasobreviviralatemporada,alarmarioy,sihacefalta,anosotras.

El taller de Alba Atelier está en un segundo piso de la calle Argumosa, encima de una frutería y con las ventanas al patio. No hay letrero. Se entra por un portal estrecho y, al abrir la puerta, lo primero que se ve es una mesa de corte de cuatro metros ocupada por un patrón enorme de papel kraft, una sola pieza con forma de mapa raro. "Ese es un abrigo", dice Alba Serrano sin levantar la vista. Un abrigo entero, cuerpo y mangas, cortado de una vez y cerrado con una única costura que le sube por la espalda.

Serrano tiene 31 años, estudió patronaje industrial y pasó cuatro años en el departamento técnico de una firma grande de la que prefiere no dar el nombre. Allí aprendió a hacer fichas técnicas para fábricas de Portugal y Turquía y a ver cómo se descartaban prototipos por dos centímetros de más en un margen. En 2023 alquiló este piso, compró una máquina plana de segunda mano y una remalladora, y registró la marca con su nombre y la palabra atelier porque quería que quedara claro desde el principio que aquí se cose, no se diseña para que cosan otros.

Geometría antes que estilo

El patrón de una sola costura funciona como restricción de trabajo, no como eslogan. Cada prenda parte de una pieza plana que, al plegarse, genera cuerpo, mangas y volumen sin recurrir a costuras laterales ni de hombro. Serrano dibuja primero en papel a escala, después en toile de algodón a tamaño real, y sólo cuando la caída funciona en el maniquí pasa al tejido definitivo. Algunos patrones le han llevado tres meses. La chaqueta Pliego, una de las piezas fijas del catálogo, tuvo once versiones antes de la buena. El resultado, en cuerpo, se nota: la ropa no tiene la rigidez de un traje ni la blandura de una sudadera; se sostiene sola, como una escultura ligera, y se mueve con quien la lleva.

Fachada de edificio con ventanas iluminadas en blanco y negro
Fachada de edificio con ventanas iluminadas en blanco y negro

Una costura menos es un sitio menos por donde una prenda puede romperse. Yo no quiero que la gente me compre por lo bien que queda en la foto, quiero que dentro de veinte años la siga usando y no sepa muy bien por qué.

Lo dice mientras marca con jaboncillo el contorno de una manga sobre lana gris. En el taller no hay muestrario ni lookbook impreso; hay una percha con una pieza de cada modelo, en tela definitiva, para que quien venga las toque y se las pruebe. Serrano defiende que la ropa se entiende con las manos: el peso del tejido, la forma en que cae la sisa, dónde tira y dónde no. Por eso las fotos de la web son planas, sobre fondo blanco, sin modelo. "Si la pones sobre un cuerpo bonito ya no ves la prenda", dice.

La paleta es monocroma por convicción y por logística. Negro, crudo, gris piedra y, desde el año pasado, un azul tinta muy oscuro que sólo aparece en las piezas de lana. Los tejidos vienen de tres proveedores: una lana fría de Sabadell, un algodón orgánico de gramaje alto tejido en Portugal y un lino belga que compra en rollos pequeños cuando el precio lo permite. Nada de mezclas sintéticas, nada de forros de poliéster. Los botones son de corozo o de cuerno, los cierres de metal sin lacar. Cuando le preguntas por qué no hay estampados, la respuesta es corta: con una sola costura la forma ya es bastante ruido.

Bajo pedido, sin stock

Alba Atelier no fabrica nada que no esté vendido. El proceso es sencillo: se elige la pieza en la web o en el propio taller, se toman medidas (a distancia, con una guía en vídeo, o en persona los jueves por la tarde) y se paga la mitad. A partir de ahí, entre tres y cinco semanas. Serrano cose el ochenta por ciento de las piezas ella misma; para los picos de trabajo cuenta con Lucía Andrade, una modista de Vallecas que lleva cuarenta años en el oficio y a la que conoció arreglando un abrigo. Los precios van de los 240 euros de una camisa a los 890 de un abrigo de lana. No son baratos, pero tampoco cargan el margen habitual de la industria: no hay intermediarios, no hay tiendas multimarca que se lleven la mitad y no hay rebajas, porque no hay excedente que liquidar.

La última entrega, presentada en junio en el taller con veinte sillas prestadas y una botella de vermut, se llama Plomada y tiene nueve piezas. La más comentada es un vestido largo de lino crudo cuya única costura recorre el lateral en diagonal, de la cadera al hombro contrario, y que se puede llevar del derecho o del revés. Hay también un pantalón de lana con la pinza integrada en el pliegue del patrón, sin cortes, y una gabardina de algodón encerado que se abrocha con un solo botón de cuerno a la altura del esternón. Nada grita. Todo, visto de cerca, tiene una decisión detrás.

Cada colección que no saco es un montón de ropa que no se tira. Prefiero tardar tres meses en un patrón y no volver a tocarlo en diez años.

Para el próximo año el plan es modesto y concreto: incorporar una tercera persona al taller, abrir el sistema de medidas a tallas por encima de la 48, que hasta ahora se resolvían caso por caso, y sacar una pieza de punto, la primera, con una fabricante de Igualada. Serrano no habla de crecer, habla de aguantar. Y de seguir teniendo la mesa de corte libre por las mañanas, que es cuando piensa mejor. Si algo se mide en Argumosa no son las colecciones por año, sino los años por prenda.